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Referencias cinematográficas
 

Referencias cinematográficas

Indudablemente las referencias son casi infinitas –se amplían a cada momento- por lo que no cabe aquí si quiera intentar abarcarlas. Me limitaré pues a citar las primeras que me vinieron a la mente cuando leí el libro y posteriormente trabajamos Salva y yo el guión… sin chafarle la película al futuro espectador.

Como referencias directas, surgieron algunas películas corales, fruto todas ellas de colaboraciones artísticas increíblemente estables tales como P.T. Anderson y Elswitt (Magnolia, Boggie Nights…) o el cuarteto Arriaga, Iñárritu, Prieto y Santaolalla (21 gramos, Amores perros…) Sus películas tratan con maestría temas que no nos son ajenos: El amor, el desamor, la soledad, la pérdida y su imposible superación, la violencia como única salida, el engaño, el perdón…

En este sentido otras referencias iban apareciendo, como la redención auto-negada y la herencia familiar como fatalidad en The burning plain de Arriaga, los prejuicios para ocultar el miedo a amar en Who´s that knocking at the door? (Scorsese), la temida madurez sexual y sentimental de Conociendo a Julia (Szabó) o la ambigüedad sentimental y social del personaje principal de El talento de Mr. Ripley (Minguella)

Y si hablamos de ambigüedad moral, Orson Welles es referencia obligada. Nadie ha logrado crear personajes tan dignos de admiración como de desprecio. Ni nadie ha sabido utilizar tanta técnica, tantos trucos, para mejorar la narración de una historia. Es el gran prestidigitador de la imagen al servicio de la contra-épica.

Otros personajes de la novela me llevaron a visualizar películas, escenas y actores que ni puedo ni quiero sacarme de la cabeza. Por citar algunos, al Yann  atormentado y autodestructivo lo veía en Ben Hur (Wyler), Toro salvaje, Shutter Island (Scorsese) o la apasionante Amanecer de Murnau. La peligrosa inocencia de Marga me llevó a La última sesión (Bogdanovich)  El Pirata se convirtió en el complejísimo productor de Cautivos del mal (Minnelli) La soledad y el amor imposible de Gloria la situaban en La edad de la inocencia (Scorsese) y Roberto se me mueve entre Grandes Esperanzas (Cuarón) y Apocalipsis now (Coppola)

Como último miembro del reparto, Salva y yo coincidimos en que Sevilla debía presentarse como un personaje en sí mismo: Con su propia personalidad, sus momentos de luz y sus rabietas de dolor. Esto me lleva en especial a dos directores, Spike Lee y Terrence Malick, que combinan valentía y destreza para entrelazar el medio y los personajes con resultados magistrales.

En términos de fotografía, 21 gramos (R. Prieto) o la más reciente Cisne negro (M. Libatique) logran seguir a sus personajes tan de cerca que los atravesamos. Su estilo es astutamente descuidado (cámara al hombro, luces quemadas, movimientos erróneos…) casi como el cámara, y por ende la audiencia, respondieran junto a los personajes a cada escena. Como si estuviésemos con ellos e improvisásemos. Precioso… dificilísimo de lograr. Y herencia directa del primero y más valiente de todos: John Cassavettes (Faces, Shadows, Una mujer bajo la influencia, etc…)

Por otro lado, hay genios de la fotografía que son fuentes de inspiración infinita: Emmanuelle Lubezki –de la perfección de Grandes Esperanzas a la poética naturalidad de El Nuevo Mundo-. La pasión y dolor que rezuman todos los fotogramas de las películas de Won Kar Wai (In the mood for love, My blueberry nights…) Cómo Robert Richarson logra aislar a los personajes hasta provocar sufrimiento (Casino) La composición perfecta de Ford en Centauros del desierto o el encuadre épico de Excalibur de Boorman.

Me paro aquí, sin explicar si quiera alguno de los fotogramas que aparecen adjuntos, por no desvelar sorpresas de la película.

Manuel Benito de Valle

 

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